Ilustres de Baena

Qasim ben Asbag, historiador y geógrafo
Juan Alfonso de Baena, poeta
Diego Fernández de Córdoba, duque de Sessa y señor de Baena
Juan de Peñalosa, pintor
Luis Carrillo de Sotomayor, poeta
Miguel Colodrero de Villalobos, poeta
Santo Domingo de Henares, misionero
Diego Monroy, pintor
José Amador de los Ríos, polígrafo y ensayista
Francisco Valverde y Perales, escritor e historiador
Antonio Alcalde Valladares, escritor y periodista
Fernando Vázquez, periodista




Qasim ben Asbag, historiador y geógrafo

Abu Muhammad Qasim ben Asbag, conocido por al-Bayyani (el Baenense), fue un importante historiador y geógrafo de al-Andalus. De antepasados hispanos, nació en Baena el 2 de noviembre del 861 y estudió bajo la dirección de Aljoxaní, Baqí ben Majlad, Ibn Wadhad y otros renombrados profesores. Más tarde asistió en Bagdag a las conferencias de Ibn Kutaiba y otros doctores. De regreso a Córdoba, se instaló en la capital, donde estableció cátedra, a la que asistieron estudiantes de todas partes de al-Andalus; ricos y pobres acudían en tropel, según sus biografos. En los últimos años de su vida se le trastornó la mente. Murió el 18 de octubre del 951.
Fue autor de numerosas obras, entre las que destacan Genealogías, en cinco volúmenes, obra muy profunda y bella según Ibn Hazam; Excelencias de los Omeyas y Sobre las excelencias de Qurays, ambas de carácter histórico. Entre sus obras canónicas se cita una sobre la Sunna y el Corán. Tradujo la obre de Paulo Orosio Adversus paganos historiam libri septem, fuente de Ajbar Muluk al-Andalus, de al-Razi, que vertida al castellano sería la famosa Crónica del moro Rasis.
Ibn Hazam hace cumplidos elogios de Qasim ben Asbag, a quien atribuye también amplios conocimientos de gramática, literatura y teología.

Juan Alfonso de Baena, poeta

Más conocido durante el largo tiempo por ser el recopilador del Cancionero de Baena (1445), llamado así en su nombre, que por su propia poesía, es considerado como uno de los autores más interesantes del siglo XV español. Fue nacido en Baena, circustancia a la que alude cuando se dirige a Juan II, en su "dezir" no recogido en el célebre Cancionero:

"Yo lei dentro en Vaena
do aprendí a facer borrones
e comer alcaparrones
muchas veces sobre çena"

Disfruta y pelea con otros poetas contemporáneos que le tildan de judío -ascendencia de aceptación hoy por lo menos dudosa- y tartamudo -vegue-, como hace Alvárez de Villasandino en otros versos:

"Bien será media docena
con el vegue de Baena
que desque puja su avena
peor muerde que alacrán"

Tuvo el acierto de recopilar el documento lírico en que se constata el avance de la poesía en lengua castellana sobre la gallega, que hasta entonces se había alzado con la supremacía.

Diego Fernández de Córdoba, duque de Sessa y señor de Baena

Hijo de Diego Fernández de Córdoba y María de Mendoza, Diego Fernández de Córdoba heredó los estados y títulos de su padre, siendo V señor de Baena y III conde de Cabra.
Siguiendo la trayectoria de su progenitor, participó activamente en las distintas campañas de la guerra de Granada, tomando parte en las conquistas de Guadix y Almería entre otras. Como pago de sus servicios recibió por merced real las tierras de Iznájar y Rute, villa esta última en la que erigió una abadía con la licencia especial del papa Alejandro VI.
Terminada la guerra, fija definitivamente su residencia en Baena, dedicándose a organizar sus estados. Es el tiempo en que tiene lugar la promulgación de una gran parte de las ordenanzas municipales.
Su época marca la normalización de las relaciopnes con la Casa de Aguilar, muy deterioradas desde hace muchos años antes, en prenda de cuyo arreglo incorporó a sus estados la villa de Valenzuela.
En la iglesia de Santa María de Baena mandó edificar la capilla mayor, con una magnífica reja plateresca, que en su honor a conservado siempre el nombre de capilla del Conde. También fue fundación suya el convento de religiosas Dominicas de Madre de Dios, en el que durante siglos profesaron las hijas de los más distinguidos linajes andaluces.
Murió en Baena el 11 de agosto de 1525.

Juan de Peñalosa, pintor

Juan de Peñalosa y Sandoval nació en 1579, y fueron sus padres Francisco de Peñalosa y Ana Fernández. Se trasladó a Córdoba e ingresó en el taller de Pablo de Céspedes, logrando ser uno de sus más brillantes discípulos. Asimiló de Céspedes su profunda concepción manierista en lo pictórico y sus inquietudes humanísticas. Fue también canónigo y estimable poeta. Realizó diversas obras para las iglesias y conventos de Córdoba. Muchas se han perdido, pero se conservan algunas nmotables firmadas, como la Asunción del museo de Bellas Artes de Córdoba, una Santa Bárbara en la catedral, y otra en el palacio episcopal.
Protegido por don Alfonso Messía de Tovar, obispo de la diócesis de Astorga, Juan de Peñalosa se trasladó a aquella ciudad leonesa como canónigo catedralicio, realizando paralelamente una espléndida labor pictórica en su catedral. Destacan las trazas de la capilla de Nuestra Señora de la Majestad -que alberga una de las imagenes más inssignes del románico en España-, pintado luego en el retablo tres lienzos que representan a San Genadio, Santa Teresa y La imposición de la casulla a San Ildefonso. Otra obre importante, realizada por Peñalosa en 1630, es el retablo de la capilla del Sagrario, presidido por una de las más bellas Purísimas de Gregorio Fernández.
No obstante, su obra cumbre de la catedral de Astorga es el retablo de la capilla de Santa Teresa, encargado por su amigo el obispo Messia de Tovar, que conoció en vida a la santa abulense, pintando como tema central La visión de Santa Teresa entre la Virgen y San Juan. El resto de las pinturas tienen como temas: San Juan Evangelista, San Juan Bautista, Santa Clara, Santa Paula, Santa Catalina de Siena y Santa Escolástica, además de los cuatro doctores pintados en el blanco. Una bella serie de cuadros suyos, de medias figuras, componiendo un santoral, fue adaptada hace unos años como retablo mayor de la iglesia del ex-convento de San Marcos de León, convertido en hostal de primer orden.
Falleció en Córdoba, "en buena edad todavía" -como señala Valverde y Perales-, en 1636, es decir, cuando contaba 57 años.

Luis Carrillo de Sotomayor

El poeta Luis Carrillo de Sotomayor cruzó como un meteoro por el firmamento literario en el punto de entronque de la época del Renacimiento con los tiempos barrocos. Su nacimiento tuvo lugar en Baena hacia 1586. Su padre, Fernando Carrillo, de la noble familia cordobesa de los Muñiz de Godoy, llegó a ocupar los cargos de presidente del consejo de Haciende y de Indias, mientras que Francisca Valenzuela y Faxardo, su madre, pertenecía a uno de los más esclarecidos linajes baenenses.
Los muy escasos datos biográficos que de su vida poseemos nos lo presentan como un joven estudiante en Salamanca, y algo más tarde, según correspondía al primogénito de una familia de abolengo, entrando a hacer fortuna como militar en la Marina a los diecisiete años. Al sorprenderle la muerte a la temprana edad de 24 años ostentaba el cargo de cuatralbo (o jefe de cuatro galeras) en la escuadra de las costas de Andalucía, que mandaba el duque de Medina Sidonia. Había merecido también el honor de ser admitido como caballero de la orden de Santiago y, unos meses antes de fallecer, el nombramiento de comendador de la Fuente del Maestre, cuyo cargo no llegó a disfrutar.
Sus obras en prosa son:Libro de la erudición poética y Cartas. También tradujo De la brevedad de la vida, de Séneca, y Remedio de amor, de Ovidio, obra que además comentó. En verso escribió cincuenta sonetos, una veintena de romances, letrillas, estancias, liras, dos églogas de pescadores, dieciocho canciones, y su gran obra, la Fábula de Acis y Galatea, que más tarde serviría de inspiración a Góngora en su Polifemo.
Se ha dicho que el verdadero valor de Carrillo está no en su producción poética, sino en su condición de preceptista, de teórico del arte literario, que le coloca como creador del culteranismo (movimiento cultista que aborda la renovación del léxico y de la sintaxis mediante el empleo de un vocabulario escogido y el uso del hipérbaton).
Un espíritu ascético, e incluso místico, informó la vida de don Luis, que movió a Dámaso Alonso a hablar de la "santidad de don Luis Carrillo, en especial de los dos años anteriores a su muerte: oraciones y ayunos, devociones y penitencias durísimas... y una muerte ejemplar".

Miguel Colodrero de Villalobos, poeta

Como "poeta de vena gongorina y satírica" le cataloga Feliciano Delgado en su Poesia cordobesa del siglo I al XVII (antología crítica). Autor prolífico que se relacionó con los mejores poetas del momento -Lope de Vega, Montalbán, Soto de Rojas-, de quienes recibió plácemes y felicitaciones, no gustó a Gallardo ni a Ramírez de Arellano, que recoge la cita. Su primer volumen de versos titulado Varias rimas, lo imprimió en Córdoba Salvador de Cea Tesa en 1629 cuando sólo contaba veintiún años de edad.
Fue Colodrero excelente captor del paisaje de su pueblo: el río de Marbella, la sierra de Horconera...; a ellos canta en repetidas ocasiones y con suave y delicado verso:

"Ya no pienso mirarte
Marbella, fuente fría.
Bien me has hecho y no quiero
hacerte mal por linda.
...............
Cultores que te sangran
tu curso debilitan:
a quien no apuraran
frecuente las sangrías.
Cuando al socorro llegas
no hay socorro a tu vida
Guadajoz te devora
serpiente cristalina".

Colodrero se mueve indudablemente en la órbita poética del culteranismo, aunque sin llegar a los extremismos de otros contemporáneos.
Además del citado volumen dio también a las prensas El Alpheo y otros asuntos, en verso, exemplares algunos, Barcelona, 1639; Golosinas del ingenio, Zaragoza, 1642; y Divinos versos, o Cármenes sagrados..., igualmente en Zaragoza, 1656.

Santo Domingo de Henares, misionero

Natural de Baena, donde nació el 19 de diciembre de 1765, Domingo Henares tomó muy joven el hábito dominico en el convento de Santa Cruz la Real de Granada, y sin acabar sus estudios pidió su traslado a tierra de misiones, siendo destinado a la provincia del Rosario, en Extremo Oriente, donde concluyó su formación en el colegio Santo Tomás de Manila, ordenándose sacerdote y pasando seguidamente a ejercer su apostolado en Tonkín, hoy Vietnam. En 1798 fue designado provicario provincial, poco después vicario apostólico en Tonkín Oriental, y por fin, obispo en 1802.
Cuentan que tenía conocimientos de medicina y astronomía, ciencias muy apreciadas en Oriente, lo que le valió el respeto de las clases altas de la sociedad de aquellas tierras. Lejos de engreírse, puso sus conocimientos y la bondad de su carácter al servicio de todos, en especial de los más humildes, siendo llamado el Padre de los Pobres. Su entrega llegaba hasta el punto de que en las horas de descanso se ocupaba de remendar vestidos que luego repartía entre los necesitados.
Pero la llegada al poder del tirano Minh-Manh endureció la situación de los misioneros católicos, que fueron duramente perseguidos, viéndose obligados a esconderse a fin de salvar la vida. El obispo Henares no fue una excepción, teniendo que vivir oculto durante el día y atendiendo a sus fieles durante la noche. Aunque siempre había aspirado a conseguir algún día la gloria del martirio, sabía que su vida era necesaria para mantener viva la fe de su grey, por lo que no rehusó escapar en más de una ocasión en que fuera detenido. Al fin, en junio de 1838 fue apresado, condenado a muerte y decapitado pocos días después, junto con otros compañeros misioneros. Su cabeza fue expuesta al público y luego arrojada al río, donde fue encontrada por unos pescadores cristianos, y enterrada con el resto del cuerpo.
En premio a sus grandes méritos, el 19 de junio de 1840 fue beatificado por el papa Gregorio XVI, y el mismo día del año 1988, Juan Pablo II lo elevaba a los altares.

Diego Monroy, pintor

Diego Monroy y Aguilera nació en Baena en 1790. Era hijo de Antonio María Monroy, pintor muy acreditado en la provincia cordobesa. Tras formarse inicialmente con su padre, pasó a estudiar a la escuela de San Fernando, de Madrid, bajo la dirección de Maella, quien interesado por sus excelentes disposiciones incorporó a Monroy a su taller. A pesar de sus señalados éxitos en Madrid -fue nombrado pintor de cámara, miembro de la Real Academia de San Fernando y condecorado con la flor de Lis de Francia-, regresó a Córdoba, donde se hizo cargo de la organización del museo de Bellas Artes.
Bajo el macenazgo de la Iglesia trabajó en la Mezquita-Catedral, sagrario de la parroquia de San Miguel e iglesia de San Nicolás. Presentó sus obras en las exposiciones nacionales de Bellas Artes, en una de las cuales, la de 1843, fue nombrado caballero de la orden de Carlos III por su cuadro La Sacra Familia. Se especializó en cuadros de Antonio del Castillo, realizando copias con tal perfección que se confundían con los originales. Murió en 1857.

José Amador de los Ríos, polígrafo y ensayista
    José Amador de los Ríos

Fue Jose Amador de los Ríos, nacido en Baena en 1818, "si no el escritor más laborioso de su tiempo, al menos uno de los que más trabajaron en honra de las letras y artes españolas". Interesado desde muy joves por las humanidades, inició en Sevilla, al igual que otros andaluces famosos, los estudios de pintura, lo que le llevaría a convertirse en crítico de reconocido prestigio.

La historia de España -conocida sobre todo a través de la obra de P. Mariana- y la literatura -disciplinas para que las conferencias de Alberto Lista en el ateneo de Madrid serían punto de partida inestimable-, les atraían por igual de forma que cuando Amador de los Ríos se traslada con toda su familia desde Madrid a Sevilla en 1837, la biblioteca colombiana va a ser testigo de su multifacética actividad, sirviendo de claustro de gestación a la que con el tiempo vendría a convertirse en la Academia El Cisne; a ella concirrirían nuestro biografiado en compañía de otros jovenes escritores que transitaban a la sanzón por la senda del romanticismo. Fruto de esa etapa es un libor de poesías que mereció las alabanzas del presitado Lista y a las del duque de Ribas, entre otros. 1839 será el año en que Amador de los Ríos ingrese como socio de la Real Academia Sevillana de buenas letras y en el que intensifique sus estudios de crítica literaria.
En 1844 coincide su traslado a Madrid con la publicación previa Sevilla pintoresca, obra por la que se interesarán personalidades relevantes no sólo del mundo artístico-literario, sino también de la esfera política, tales como Pidal y Mon, ministro de la gobernación, y Gil y Zarater, jefe de instrucción pública. El resultado de todo ello será el nombremiento del baenense como secretario de la comisión central de monumentos. Tras los trabajos pertinentes presentará en 1845 una excelente memoria y la obra Toledo pintoresca, pionera en los estudios sobre esta ciudad. Colaborará igualmente en el nuevo plan de estudios auspiciado por Pidal y Mon, y bajo la dirección de Gil y Zarate contribuirá a la creación en provincias de institutos de segunda enseñanza y al fomento de escuelas y academias de Bellas Artes.
Con la reforma del plan de estudios en 1847 se convierte en profesor, tras doctorarse en filosofía y letras en la universidad central de Madrid, accediendo a la cátedra de literatura en 1848, tras someter al tribunal que le juzgaba sus estudio históricos, políticos y literarios sobre los judíos de España. A la labor docente precedió su ingreso como académico numerario en la Real Academia de la Historia, si bien sus investigaciones no descuidaron ninguno de los campos que desde el primer momento figuran entre sus intereses, como pueden comprobarse a la vista de los títulos que su cronología bibliográfica ofrecen.
En el terreno de la investigación histórica, amén de numerosísimos articulos aparecidos en revistas y publicaciones nacionales y extrangeras merece citarse los ya aludidos estudios históricos, políticos y literarios sobre los judíos en España (1849), cuya traducción a distintas lenguas no se hizo esperar; monumentos arquitectónicos de España; noticia histórica de la visita regia de Isabel II a la Universidad Central (1856); el arte latino-bizantino en España y las coronas bisigodas de Guarrazar (1861); discursos sobre el arte y el estilo mudéjar (con motivo de su ingreso en la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando, en el mismo año de 1861); Historia de la Villa y Corte de Madrid (1865); edición de la historia general de las Indias, isla y tierra firme del mar oceano, de Gonzalo Fernández de Oviedo (1865); Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal (1876) y Estudio y educación de las clases sociales en España durante la edad Media.
Como crítico literario, dos obras sólo bastarían para considerarlo uno de los autores cuyas aportaciones han supuesto un hito considerable en la historia de la literatura española: una de ellas es la edición de las obras de D. Diego López de Mendoza, marqués de Santillana (1852), a la que hacía preceder de una biografía de autor, y la otra, de más amplios vuelos, trabjo de toda una vida dedicada a la investigación -veintiocho años en total-, la componen los siete tomos de la Historia crítica de la Literatura Española (1861), que partía de los autores de la época romana y no omitía en su momento reseñar autores que escribían en otras lenguas que pervivían en la Península en la Edad Media: gallego-portugués y catalán. El punto de partida de esta que puede considerarse su opera magna estuvo en las palabras de Alberto Lista, su maestro, en las que se quejaba de la carencia de una historia genaral de la literatura para el caso de la española. El escritor baenense pudo ofrecerla a críticos y eruditos, fruto de su constante investigación en los principales archivos de las ciudades en que había residido: Sevilla, Toledo, Madrid y París, así como de la confrontación de su opinión con las de los investigadores extrangeros más relevantes de su tiempo.
Desempeñó Amador de los Ríos numerosos cargos -decano de la facultad de filosofía y letras de la universidad central (1856), vicerector de la misma (1867) y director del museo arqueológico nacional (1868)-; de todos ellos fue depuesto tras la revolución del 68. Recibió honores y condecoraciones, entre las que destacan la Gran Cruz de Isabel la Católica; todos ellos correspondieron merecidamente al hombre que desde los primeros estudios tuvo clara su vocación de investigador y el deseo de comunicar a los demás su propio saber. Murió en Sevilla en 1878. Francisco Valverde y Perales, militar, escritor e historiador

Francisco Valverde y Perales nació en Baena el 1 de octubre de 1848, en el seno de una familia humilde. Desde muy joven trató de abrirse camino en la vida, de modo que cuando aún no contaba 20 años sentó plaza en el Ragimiento de Infantería de Cantabria, unidad con la que participó en la batalla de Alcolea, siendo ascendido a cabo. Unos mese después era destinado a la isla de Cuba, donde pasó a prestar sus servicios en la Guardia Civil, distinguiéndose por su valor y la participación en numerosas acciones, recompensadas con distinciones y ascensos, que le llevaron a alcanzar el grado de capitán. De vuelta a España , pasó a la comandancia de Toledo, donde sirvió hasta que en 1902 se licenció, retirándose su patria chica con el grado de comandante.
Entonces dio rienda suelta a sus aficiones de poeta, arqueólogo e historiador. Además de numerosas poesias, escribió Leyendas y tradiciones de Toledo, Córdoba y Granada; obras dramáticas como Heridas de la honra ; y obras de investigación arqueológica e histórica, como Antigüedades romanas de Andalucía, La Batalla de Munda, y dos de sus grandes obras, Historia de la villa de Baena y Antiguas ordenanzas de la villa de Baena, que le han convertido en el historiador de su pueblo natal.
Tantos méritos le valieron el ingreso en las reales academias de Córdoba, de la Historia y de San Fernando, amén de otras distinciones literarias.

Antonio Alcalde Valladares, escritor y periodista

Ilustre personaje, en cuya fecha de nacimiento difieren Valverde y Perales (1826) y Ramírez de Arellano (1828), publica sus primeros versos siendo estudiante. Colabora en numerosísimos periódicos, entre ellos El Guadalete, Diario de Córdoba y La Alborada. Fue redactor de La Crónica, El Sereno y la Aurora, y dirigió algún tiempo El Oriente y La Integridad de la Patria. Llegó a obtener más de cien premios literarios y no desdeñó ninguno de los géneros. Entre sus obras se encuentra una novela: Don Álvaro de Aguilar (1868); varios tomos de poesía, entre otros, Flores del Guadalquivir (1872), Hojas de Laurel (1882) y La fuente del olvido (1884); un volumen de Tradiciones de Córdoba y su provincia (1883) y varias obras de teatro, de ellas, la más celebrada y representada fue la escrita en colaboración con Teodomiro Ramírez de Arellano, titulada Los hermanos Bañuelos. Murió en Madrid en 1894.

Fernando Vázquez, periodista

El periodista Fernando Vázquez Ocaña nació en Baena en 1910 y murió en el exilio, en México, en 1966. Muy joven se traslada a Córdoba, donde simultanea los estudios con uin modesto trabajo de oficinista y con sus inclinaciones literarias. La designación como redactor-jefe de la revista Andalucía le hace orientar su vida profesional hacia el periodismo, fundando y dirigiendo las publicaciones Sur y Política.
Compagina el periodismo con la política, y en 1933 es elegido diputado socialista por Córdoba, lo que le lleva a instalarse poco después en Madrid, donde alterna su actividad parlamentaria con la periodística, está en el órgano del PSOE El Socialista, en el que como redactor-jefe jugará una destacada influencia en el Gobierno del Frente Popular. En 1937, la Guerra Civil le lleva a Valencia, donde dirige El mercantil valenciano, órgano gubernamental. Tras ser designado Negrín jefe del Gobierno, nombra responsable de prensa a Fernando Vázquez, a quien la fase final de la guerra le lleva a Barcelona, donde dirige La Vanguardia. Allí perderá a su esposa, María Jiménez, que le deja ocho hijos, que los acogen familias belgas.
Tras una breve estancia en París, al término de la guerra, Vázquez Ocaña se exilia a México, donde reanuda su actividad periodística, pues, como asegura su hija Carmen, "no tenía más arma que su pluma para alimentar , vestir y pagar estudios a su numerosa prole". También escribe biografías -entre ellas una de García Lorca- y guiones de cine, y pronuncia conferencias en el Centro Andaluz, donde se relaciona con otros intelectuales exiliados como Garfias, Rejano y Bergamín.

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