Abu Muhammad Qasim ben Asbag, conocido por al-Bayyani (el Baenense), fue un importante historiador y geógrafo de al-Andalus.
De antepasados hispanos, nació en Baena el 2 de noviembre del 861 y estudió bajo la dirección de Aljoxaní,
Baqí ben Majlad, Ibn Wadhad y otros renombrados profesores. Más tarde asistió en Bagdag a las conferencias de Ibn Kutaiba y otros doctores.
De regreso a Córdoba, se instaló en la capital, donde estableció cátedra, a la que asistieron estudiantes de todas
partes de al-Andalus; ricos y pobres acudían en tropel, según sus biografos. En los últimos
años de su vida se le trastornó la mente. Murió el 18 de octubre del 951.
Fue autor de numerosas obras, entre las que destacan Genealogías, en cinco volúmenes, obra muy profunda y bella
según Ibn Hazam; Excelencias de los Omeyas y Sobre las excelencias de Qurays, ambas
de carácter histórico. Entre sus obras canónicas se cita una sobre la Sunna y el Corán.
Tradujo la obre de Paulo Orosio Adversus paganos historiam libri septem, fuente de Ajbar
Muluk al-Andalus, de al-Razi, que vertida al castellano sería la famosa Crónica del moro Rasis.
Ibn Hazam hace cumplidos elogios de Qasim ben Asbag, a quien atribuye también amplios conocimientos
de gramática, literatura y teología.
Juan Alfonso de Baena, poeta
Más conocido durante el largo tiempo por ser el recopilador del Cancionero de Baena (1445),
llamado así en su nombre, que por su propia poesía, es considerado como uno de los autores más interesantes
del siglo XV español. Fue nacido en Baena, circustancia a la que alude cuando se dirige a Juan II, en su "dezir"
no recogido en el célebre Cancionero:
"Yo lei dentro en Vaena
do aprendí a facer borrones
e comer alcaparrones
muchas veces sobre çena"
Disfruta y pelea con otros poetas contemporáneos que le tildan de judío -ascendencia de aceptación hoy por lo
menos dudosa- y tartamudo -vegue-, como hace Alvárez de Villasandino en otros versos:
"Bien será media docena
con el vegue de Baena
que desque puja su avena
peor muerde que alacrán"
Tuvo el acierto de recopilar el documento lírico en que se constata el avance de la poesía en
lengua castellana sobre la gallega, que hasta entonces se había alzado con la supremacía.
Diego Fernández de Córdoba, duque de Sessa y señor de Baena
Hijo de Diego Fernández de Córdoba y María de Mendoza, Diego Fernández de Córdoba heredó los estados y
títulos de su padre, siendo V señor de Baena y III conde de Cabra.
Siguiendo la trayectoria de su progenitor, participó activamente en las distintas campañas de la
guerra de Granada, tomando parte en las conquistas de Guadix y Almería entre otras. Como pago de sus
servicios recibió por merced real las tierras de Iznájar y Rute, villa esta última en la que erigió
una abadía con la licencia especial del papa Alejandro VI.
Terminada la guerra, fija definitivamente su residencia en Baena, dedicándose a organizar sus estados. Es el tiempo
en que tiene lugar la promulgación de una gran parte de las ordenanzas municipales.
Su época marca la normalización de las relaciopnes con la Casa de Aguilar, muy deterioradas desde
hace muchos años antes, en prenda de cuyo arreglo incorporó a sus estados la villa de Valenzuela.
En la iglesia de Santa María de Baena mandó edificar la capilla mayor, con una magnífica reja plateresca,
que en su honor a conservado siempre el nombre de capilla del Conde. También fue fundación suya el convento de
religiosas Dominicas de Madre de Dios, en el que durante siglos profesaron las hijas de los más
distinguidos linajes andaluces.
Murió en Baena el 11 de agosto de 1525.
Juan de Peñalosa, pintor
Juan de Peñalosa y Sandoval nació en 1579, y fueron sus padres Francisco de Peñalosa y
Ana Fernández. Se trasladó a Córdoba e ingresó en el taller de Pablo de Céspedes, logrando ser uno de sus
más brillantes discípulos. Asimiló de Céspedes su profunda concepción manierista en lo pictórico
y sus inquietudes humanísticas. Fue también canónigo y estimable poeta. Realizó diversas obras para
las iglesias y conventos de Córdoba. Muchas se han perdido, pero se conservan algunas nmotables firmadas,
como la Asunción del museo de Bellas Artes de Córdoba, una Santa Bárbara en la catedral,
y otra en el palacio episcopal.
Protegido por don Alfonso Messía de Tovar, obispo de la diócesis de Astorga, Juan de Peñalosa se
trasladó a aquella ciudad leonesa como canónigo catedralicio, realizando paralelamente una espléndida
labor pictórica en su catedral. Destacan las trazas de la capilla de Nuestra Señora de la Majestad
-que alberga una de las imagenes más inssignes del románico en España-, pintado luego en el retablo
tres lienzos que representan a San Genadio, Santa Teresa y La imposición de la casulla a San Ildefonso.
Otra obre importante, realizada por Peñalosa en 1630, es el retablo de la capilla del Sagrario,
presidido por una de las más bellas Purísimas de Gregorio Fernández.
No obstante, su obra cumbre de la catedral de Astorga es el retablo de la capilla de Santa Teresa,
encargado por su amigo el obispo Messia de Tovar, que conoció en vida a la santa abulense, pintando
como tema central La visión de Santa Teresa entre la Virgen y San Juan. El resto de las
pinturas tienen como temas: San Juan Evangelista, San Juan Bautista, Santa Clara, Santa Paula,
Santa Catalina de Siena y Santa Escolástica, además de los cuatro doctores pintados en el blanco.
Una bella serie de cuadros suyos, de medias figuras, componiendo un santoral, fue adaptada hace unos años
como retablo mayor de la iglesia del ex-convento de San Marcos de León, convertido en hostal de primer orden.
Falleció en Córdoba, "en buena edad todavía" -como señala Valverde y Perales-, en 1636, es decir,
cuando contaba 57 años.
Luis Carrillo de Sotomayor
El poeta Luis Carrillo de Sotomayor cruzó como un meteoro por el firmamento literario
en el punto de entronque de la época del Renacimiento con los tiempos barrocos. Su nacimiento tuvo
lugar en Baena hacia 1586. Su padre, Fernando Carrillo, de la noble familia cordobesa de los Muñiz de Godoy,
llegó a ocupar los cargos de presidente del consejo de Haciende y de Indias, mientras que Francisca Valenzuela
y Faxardo, su madre, pertenecía a uno de los más esclarecidos linajes baenenses.
Los muy escasos datos biográficos que de su vida poseemos nos lo presentan como un joven estudiante en Salamanca,
y algo más tarde, según correspondía al primogénito de una familia de abolengo, entrando a hacer fortuna
como militar en la Marina a los diecisiete años. Al sorprenderle la muerte a la temprana edad de 24 años
ostentaba el cargo de cuatralbo (o jefe de cuatro galeras) en la escuadra de las costas de Andalucía, que mandaba el
duque de Medina Sidonia. Había merecido también el honor de ser admitido como caballero de la orden de Santiago y,
unos meses antes de fallecer, el nombramiento de comendador de la Fuente del Maestre, cuyo cargo no llegó a disfrutar.
Sus obras en prosa son:Libro de la erudición poética y Cartas. También tradujo De la brevedad de la vida, de
Séneca, y Remedio de amor, de Ovidio, obra que además comentó. En verso escribió cincuenta
sonetos, una veintena de romances, letrillas, estancias, liras, dos églogas de pescadores, dieciocho
canciones, y su gran obra, la Fábula de Acis y Galatea, que más tarde serviría de inspiración a Góngora en
su Polifemo.
Se ha dicho que el verdadero valor de Carrillo está no en su producción poética, sino en su condición de
preceptista, de teórico del arte literario, que le coloca como creador del culteranismo (movimiento cultista que aborda la
renovación del léxico y de la sintaxis mediante el empleo de un vocabulario escogido y el uso del hipérbaton).
Un espíritu ascético, e incluso místico, informó la vida de don Luis, que movió a Dámaso Alonso a hablar de
la "santidad de don Luis Carrillo, en especial de los dos años anteriores a su muerte: oraciones y ayunos,
devociones y penitencias durísimas... y una muerte ejemplar".
Miguel Colodrero de Villalobos, poeta
Como "poeta de vena gongorina y satírica" le cataloga Feliciano Delgado en su Poesia cordobesa del siglo I al XVII (antología crítica).
Autor prolífico que se relacionó con los mejores poetas del momento -Lope de Vega, Montalbán, Soto de Rojas-, de quienes recibió
plácemes y felicitaciones, no gustó a Gallardo ni a Ramírez de Arellano, que recoge la cita. Su primer
volumen de versos titulado Varias rimas, lo imprimió en Córdoba Salvador de Cea Tesa en 1629
cuando sólo contaba veintiún años de edad.
Fue Colodrero excelente captor del paisaje de su pueblo: el río de Marbella, la sierra de Horconera...;
a ellos canta en repetidas ocasiones y con suave y delicado verso:
"Ya no pienso mirarte
Marbella, fuente fría.
Bien me has hecho y no quiero
hacerte mal por linda.
...............
Cultores que te sangran
tu curso debilitan:
a quien no apuraran
frecuente las sangrías.
Cuando al socorro llegas
no hay socorro a tu vida
Guadajoz te devora
serpiente cristalina".
Colodrero se mueve indudablemente en la órbita poética del culteranismo, aunque sin llegar a los extremismos
de otros contemporáneos.
Además del citado volumen dio también a las prensas El Alpheo y otros asuntos, en verso, exemplares algunos,
Barcelona, 1639; Golosinas del ingenio, Zaragoza, 1642; y Divinos versos, o Cármenes sagrados...,
igualmente en Zaragoza, 1656.
Santo Domingo de Henares, misionero
Natural de Baena, donde nació el 19 de diciembre de 1765, Domingo Henares tomó muy joven el hábito dominico
en el convento de Santa Cruz la Real de Granada, y sin acabar sus estudios pidió su
traslado a tierra de misiones, siendo destinado a la provincia del Rosario, en Extremo Oriente,
donde concluyó su formación en el colegio Santo Tomás de Manila, ordenándose sacerdote y pasando seguidamente
a ejercer su apostolado en Tonkín, hoy Vietnam. En 1798 fue designado provicario provincial,
poco después vicario apostólico en Tonkín Oriental, y por fin, obispo en 1802.
Cuentan que tenía conocimientos de medicina y astronomía, ciencias muy apreciadas en Oriente, lo que le
valió el respeto de las clases altas de la sociedad de aquellas tierras. Lejos de engreírse, puso sus
conocimientos y la bondad de su carácter al servicio de todos, en especial de los más humildes, siendo
llamado el Padre de los Pobres. Su entrega llegaba hasta el punto de que en las horas de descanso se
ocupaba de remendar vestidos que luego repartía entre los necesitados.
Pero la llegada al poder del tirano Minh-Manh endureció la situación de los misioneros católicos, que
fueron duramente perseguidos, viéndose obligados a esconderse a fin de salvar la vida. El obispo Henares no
fue una excepción, teniendo que vivir oculto durante el día y atendiendo a sus fieles durante la noche.
Aunque siempre había aspirado a conseguir algún día la gloria del martirio, sabía que su vida era necesaria
para mantener viva la fe de su grey, por lo que no rehusó escapar en más de una ocasión en que fuera detenido.
Al fin, en junio de 1838 fue apresado, condenado a muerte y decapitado pocos días después, junto
con otros compañeros misioneros. Su cabeza fue expuesta al público y luego arrojada al río, donde
fue encontrada por unos pescadores cristianos, y enterrada con el resto del cuerpo.
En premio a sus grandes méritos, el 19 de junio de 1840 fue beatificado por el papa Gregorio XVI,
y el mismo día del año 1988, Juan Pablo II lo elevaba a los altares.
Diego Monroy, pintor
Diego Monroy y Aguilera nació en Baena en 1790. Era hijo de Antonio María Monroy, pintor muy
acreditado en la provincia cordobesa. Tras formarse inicialmente con su padre, pasó a estudiar a
la escuela de San Fernando, de Madrid, bajo la dirección de Maella, quien interesado por sus excelentes disposiciones
incorporó a Monroy a su taller. A pesar de sus señalados éxitos en Madrid -fue nombrado
pintor de cámara, miembro de la Real Academia de San Fernando y condecorado con la flor de Lis de Francia-,
regresó a Córdoba, donde se hizo cargo de la organización del museo de Bellas Artes.
Bajo el macenazgo de la Iglesia trabajó en la Mezquita-Catedral, sagrario de la parroquia de San
Miguel e iglesia de San Nicolás. Presentó sus obras en las exposiciones nacionales de Bellas Artes,
en una de las cuales, la de 1843, fue nombrado caballero de la orden de Carlos III por
su cuadro La Sacra Familia. Se especializó en cuadros de Antonio del Castillo, realizando
copias con tal perfección que se confundían con los originales. Murió en 1857.
José Amador de los Ríos, polígrafo y ensayista
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Fue Jose Amador de los Ríos, nacido en Baena en 1818, "si no el escritor más laborioso de su tiempo, al menos uno de
los que más trabajaron en honra de las letras y artes españolas". Interesado desde muy joves por las humanidades,
inició en Sevilla, al igual que otros andaluces famosos, los estudios de pintura, lo que le llevaría a convertirse en
crítico de reconocido prestigio. |
Francisco Valverde y Perales nació en Baena el 1 de octubre de 1848, en el seno de una familia humilde.
Desde muy joven trató de abrirse camino en la vida, de modo que cuando aún no contaba 20 años sentó plaza
en el Ragimiento de Infantería de Cantabria, unidad con la que participó en la batalla de Alcolea,
siendo ascendido a cabo. Unos mese después era destinado a la isla de Cuba, donde pasó a prestar sus
servicios en la Guardia Civil, distinguiéndose por su valor y la participación en numerosas acciones,
recompensadas con distinciones y ascensos, que le llevaron a alcanzar el grado de capitán. De vuelta a España
, pasó a la comandancia de Toledo, donde sirvió hasta que en 1902 se licenció, retirándose su patria chica
con el grado de comandante.
Entonces dio rienda suelta a sus aficiones de poeta, arqueólogo e historiador. Además de numerosas poesias,
escribió Leyendas y tradiciones de Toledo, Córdoba y Granada; obras dramáticas como Heridas de la honra
; y obras de investigación arqueológica e histórica, como Antigüedades romanas de Andalucía,
La Batalla de Munda, y dos de sus grandes obras, Historia de la villa de Baena y Antiguas ordenanzas de
la villa de Baena, que le han convertido en el historiador de su pueblo natal.
Tantos méritos le valieron el ingreso en las reales academias de Córdoba, de la Historia y de San Fernando,
amén de otras distinciones literarias.
Antonio Alcalde Valladares, escritor y periodista
Ilustre personaje, en cuya fecha de nacimiento difieren Valverde y Perales (1826) y
Ramírez de Arellano (1828), publica sus primeros versos siendo estudiante. Colabora en numerosísimos periódicos,
entre ellos El Guadalete, Diario de Córdoba y La Alborada. Fue redactor de La Crónica, El Sereno y la Aurora, y
dirigió algún tiempo El Oriente y La Integridad de la Patria. Llegó a obtener más de cien premios
literarios y no desdeñó ninguno de los géneros. Entre sus obras se encuentra una novela: Don Álvaro de Aguilar
(1868); varios tomos de poesía, entre otros, Flores del Guadalquivir (1872), Hojas de Laurel
(1882) y La fuente del olvido (1884); un volumen de Tradiciones de Córdoba y su provincia (1883)
y varias obras de teatro, de ellas, la más celebrada y representada fue la escrita en colaboración con Teodomiro
Ramírez de Arellano, titulada Los hermanos Bañuelos. Murió en Madrid en 1894.
Fernando Vázquez, periodista
El periodista Fernando Vázquez Ocaña nació en Baena en 1910 y murió en el exilio, en México, en 1966.
Muy joven se traslada a Córdoba, donde simultanea los estudios con uin modesto trabajo de oficinista y
con sus inclinaciones literarias. La designación como redactor-jefe de la revista Andalucía
le hace orientar su vida profesional hacia el periodismo, fundando y dirigiendo las publicaciones Sur y Política.
Compagina el periodismo con la política, y en 1933 es elegido diputado socialista por Córdoba, lo
que le lleva a instalarse poco después en Madrid, donde alterna su actividad parlamentaria con la periodística,
está en el órgano del PSOE El Socialista, en el que como redactor-jefe jugará una destacada influencia
en el Gobierno del Frente Popular. En 1937, la Guerra Civil le lleva a Valencia, donde dirige El mercantil
valenciano, órgano gubernamental. Tras ser designado Negrín jefe del Gobierno,
nombra responsable de prensa a Fernando Vázquez, a quien la fase final de la guerra le lleva a Barcelona,
donde dirige La Vanguardia. Allí perderá a su esposa, María Jiménez, que le deja ocho hijos,
que los acogen familias belgas.
Tras una breve estancia en París, al término de la guerra, Vázquez Ocaña se exilia a México, donde reanuda su
actividad periodística, pues, como asegura su hija Carmen, "no tenía más arma que su pluma para alimentar
, vestir y pagar estudios a su numerosa prole". También escribe biografías -entre ellas una de García Lorca-
y guiones de cine, y pronuncia conferencias en el Centro Andaluz, donde se relaciona con otros intelectuales
exiliados como Garfias, Rejano y Bergamín.
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